English French German Spain Italian Dutch Russian Portuguese Japanese Korean Arabic Chinese Simplified

AVISO!! TODO LO QUE SEA DE COSECHA PROPIA COMO POESÍAS, ETC, POR LA LICENCIA DE CREATIVE COMMONS, SE RUEGA QUE EN CASO DE COPIAR, SE PONGA LA FUENTE Y/O AUTORÍA A MODO DE RECONOCIMIENTO. GRACIAS.

SI QUIERES, PUEDES
INFORMARTE DESDE LA PÁGINA DE FACEBOOK


jueves, 24 de julio de 2014

¿Te puedo pedir, que me hagas un regalo?


Ante la penumbra luz que entraba en el dormitorio, anunciando un nuevo día, la precipitada brisa sigilosa, susurraba adentrándose por la ventana entre abierta, penetrando en la sábana y acariciando la piel, que no quedaba resguardada del pijama. Ante la inusitada molestia de un leve escalofrío, la chica extiende las arrugas de los bordes inferiores del reducido pantalón de tela, y de la camiseta de finos tirantes, al mismo tiempo que emitía un pequeño sonido un tanto ronco. No basto con eso, se gira a un lado, y se acerca hasta encontrarse con el cuerpo de Hugo, buscando el calor, que el caprichoso amanecer le había requisado, y que más tarde, tumbada sobre la toalla en la arena de la playa, le devolvería.



Adormiscada, el calorcito poco a poco va haciendo efecto, terminando por sucumbir a Morfeo, aunque no por mucho tiempo. De los 3, ella era la que se solía despertar antes: como acostumbraba, se giró un momento, casi sin despegarse de Hugo, esperando ver cómo Marcos dormía plácidamente. Pero esta vez era diferente. Allí no estaba. De hecho, sin darse cuenta, como si respetara su espacio ausente, durante la noche no había ocupado ese lugar de la cama. “¿Cuánto ha pasado ya?” Se preguntó. “¿Tres días...? Buff... parece una eternidad.”



Muchos dicen que irremediablemente, es algo que tiene que pasar antes o después: no se puede tener una convivencia sin que surjan los roces de todo tipo: los de las discusiones... y también los del cariño. Después de la tormenta, cuando la calma no es serena, y el alivio, lejos de acrecentarse con la distancia, liliputiense se convirte, máxime, cuando las ganas de volver a verle aprietan, trató no darle más vueltas. Se confió al calor de Hugo, cerró los ojos, y espero a que Morfeo aun divagara cerca, pero para entonces, demasiado despiertas estaban ya las neuronas, como para callarlas y poder dormir. Se giró un momento, para ver una vez más, el lugar que ocuparía Marcos, ahora más iluminado, a medida que el Sol se alzaba. Su ausencia fue aún más sentida si cabe, al ver ese espacio libre, tanto, como para en ese momento, silenciar la brisa que seguía entrando en el dormitorio. Sabía que un fin de semana como otro cualquiera, a esas horas, ya estaría largando a Hugo de la cama, para después ir despertando a Marcos, poco a poco... Suspiró, entre desencatada con la situación y enfadada por su parte de culpa, pese a que sabía que había sido una mera torpeza por parte de ambos, en el que sin saber bien cuándo, ni por qué, se dejaron de escuchar, dejaron de tenderse la mano y ponerse en el lugar del otro, para tan solo ponerse en el lugar de sí mismos. “¿Por qué no puede ser todo tan sencillo como con Hugo? Con él siempre es mucho más fácil. Enseguida sé de qué humor está. Y siempre que me ve tiene esa alegría... Eternamente fiel. En cambio... cómo sé si Marcos sigue enfadado y por eso esta distancia, o es su timidez, la que no sabe cómo romper el hielo. Buf... qué complicado es esto de las relaciones”. Entre la indecisión, los nervios de si decirle algo o no, la mezcla de enfado suyo y el echarle de menos, el temor de precipitarse y empeorar las cosas, y otras tantas cosas más... en un intento de ir a morderse el piquito de la uña, se sabe delatadora de su nerviosismo, sentenciándolo alejando la mano. Acto seguido, Hugo, ajeno a todo, empezó a roncar. “Necesito una solución ¡Ya!”.

 -Para seguir leyendo... -

No hay comentarios:

Publicar un comentario