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martes, 4 de febrero de 2014

Cuando de tanto tener en cuenta a la otra parte de la pareja te olvidas de tenerte en cuenta a tí mismo/a

"Es por mí, es por ti

pareja 
A veces, es tan grande el deseo de complacer al otro, que nos olvidamos de nosotros mismos. A veces, es tan infinita esa necesidad que dejamos de ver al otro- porque sólo vivimos en la preocupación y el miedo.

¿De qué nos sirve callar en pareja? ¿De qué nos sirve evitar los conflictos e ir acumulando silencios?
A veces, cuando iniciamos una relación de pareja nos parece que todo ha de ser ideal. Los dos queremos satisfacernos, complacernos el uno en el otro y sobre todo dar todo lo mejor que tenemos.
Entonces, cuando aparecen cosas feas, pequeños desencuentros, cosas que no me gustan del otro nos entra el pánico. ¿Se lo digo, no se lo digo? ¿Le cuento cómo me hace sentir esa reacción suya o… no merece la pena?

El ideal y las ganas de ver la mejor versión del otro nos impiden aceptar la realidad. Estamos enamorados luego todo se minimiza…
Y siguen pasando cosas, y aparecen ciertas exigencias del otro que me hacen sentir raro. Y yo sigo sin decir nada, y mientras silencio todo se va quedando dentro de mí.
Un día me doy cuenta de que me siento extraño. Y lo que es peor, no me apetece el otro. Me esfuerzo en acercarme a él, en responder a sus contactos físicos pero mi cuerpo no responde. Siento como mi deseo por el otro se ha escapado por la puerta de atrás y ni siquiera me ha avisado.
Me siento fatal, culpable, responsable de la felicidad del otro e incapaz de darle lo que yo creo que necesita y se merece. Más presión, más estrés… ¿dónde he llegado exactamente?
He llegado al escenario del miedo, justo el lugar donde el deseo no habita.

¿Qué hacer entonces?
Rebobinar, rebobina y recuerda en qué punto dejaste de ser tú. En qué momento te equivocaste y empezaste a vivir la vida del otro en lugar de tu vida con el otro. Recuerda cuándo fue que pudo más el satisfacer al otro que satisfacerte a ti mismo. Recuerda cuando le dijiste al otro un sí que se convirtió en un no dentro de ti. Recuerda cuando te negaste a ti creyendo salvar el mundo.
Recuerda y aprende. Aprende que vivir en pareja es ante todo ocuparse de uno mismo y desde ese respeto por uno mismo darse al otro. No es egoísmo sino generosidad. Ser pareja no es anularse, perderse ni desaparecer del mundo, sino más bien al revés. Es estar más vivo que nunca y crecer con el espejo del otro y crecer en la total incertidumbre pero crecer.
Es poder disentir, dar, recibir o negar desde la absoluta conciencia de libertad. ¿De qué le sirvo al otro si no soy yo quien está ahí? ¿De qué me sirve el otro si sólo quiero una parte de él? ¿De qué me sirve si no me acepto o no le acepto en su totalidad?

A veces elegimos a aquella persona no por ser quien es sino por lo que nos hace sentir. La pregunta es, ¿qué sentimos cuando dejamos de ser nosotros mismos?
Cada uno que encuentre sus respuestas.
"
Fuente

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