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miércoles, 6 de noviembre de 2013

Afecta el porno, a las relaciones sexuales en pareja?



Por Miguel Ayuso

"Los datos son confusos, debido en gran parte a la dificultad para recopilar cifras al respecto, pero no cabe duda de que el acceso libre y gratuito al porno en internet está cambiando enormemente la forma en que disfrutamos de la sexualidad. Casi todos los hombres ven porno, pero hay quien lo lleva mejor, peor y rematadamente mal, hasta el punto en que la adicción a la pornografía ha destrozado su vida sexual.


Isaac Abel era uno de esos jóvenes que, siendo adolescente, se enganchó al porno de forma preocupante. Fue consciente de su adicción, dejó de consumir porno y lo habló con sus amigos, pero nunca pensó que sería tan difícil hacer el amor con su pareja dejando a un lado las costumbres heredadas de la pornografía.

“No quiero desprogramar mi mente para que sea estéril”, confiesa Abel en Salon. “Quiero sexo que sea bueno y saludable. Estoy tratando de curar, o reprogramar, mi sexualidad después del porno. Pero no es sólo una cuestión de restricción o la superación de la vergüenza. La clave reside en responder la confusa pregunta: ¿Qué debería atraerme?”. Por mucho que lo ha intentado, confiesa Abel, es incapaz de disociar el sexo en pareja de sus fantasías. Es consciente de que sus fantasías son sólo fantasías, pero cuando hace el amor con su pareja siente que la está utilizando, que está, sencillamente, masturbándose.



El testimonio de Abel bien podía encajar en la mente de muchos adultos de hoy en día que, tras vivir una adolescencia plagada de porno, tienen ahora dificultades para entablar relaciones sexuales con normalidad. El fenómeno de la pornografía no es novedoso, pero sí lo es su acceso universal, gratuito y fácil de ocultar. Antes se guardaban las revistas debajo del colchón y se grababan cintas VHS que pasaban de mano en mano en el Instituto, pero de un tiempo a esta parte, asegura Alexandra Katehakis, terapeuta y directora del Center for Healthy Sex de Los Ángeles en Psychology Today, el porno se ha convertido en la fuente primaria de educación sexual de la mayoría de adolescentes, lo que puede llegar a dañar su desarrollo sexual a nivel cerebral.


“Entre los 12 y 20 años el cerebro humano atraviesa un período de gran plasticidad neuronal”, explica Katehakis. “El cerebro se encuentra en una fase maleable durante la cual se realizan miles de millones de nuevas conexiones sinápticas”. Esto, asegura la psicóloga, nos hace más vulnerables a la influencia de nuestro entorno: “Cuando un adolescente consume pornografía compulsivamente, su química cerebral puede amoldarse a las actitudes y situaciones que está observando. Lamentablemente, la pornografía pinta un cuadro poco realista de la sexualidad y de las relaciones que puede crear una serie de expectativas que nunca se cumplirán en la vida real”.



Un problema para los jóvenes (que luego serán adultos)

El porno no es malo para la sociedad; desde su universalización han disminuido enormemente los crímenes sexuales, incluidos el exhibicionismo, las violaciones y el abuso infantil. En la mayoría de los casos ni siquiera podemos hablar de que los jóvenes tienen una adicción al porno, pero no cabe duda que el consumo masivo de porno por parte de los adolescentes puede constituir una rémora a su desarrollo sexual posterior: un número creciente de jóvenes sanos, usuarios de pornografía, experimentan problemas de eyaculación precoz, disfunción eréctil y erecciones lentas.


No es que los jóvenes no sepan que el sexo en la vida real es muy distinto al de las películas porno, pero su cerebro se acostumbra a ello y, cuando se enfrentan a la cruda realidad, son incapaces de satisfacer a sus parejas y a ellos mismos. En el porno todos los penes y las tetas son más grandes (mucho más grandes), las erecciones son instantáneas y duran hasta el infinito, todas las mujeres tienen tendencias exhibicionistas y nadie eyacula antes de tiempo, pese a que en la realidad un tercio de los hombres de todas las edades sufren eyaculaciones precoces con frecuencia.

Pero esto no es lo peor del porno, lo peor es que no enseña cómo debe hacerse el amor en pareja para que resulte satisfactorio para ambas partes. “Después de algunas palmaditas en los pechos y tal vez un poco de cunnilingus, el resto es felación y coito”, explica Michael Castleman, uno de los más reconocidos periodistas de sexo de Estados Unidos, en su blog. “Por supuesto, los genitales son importantes para hacer el amor y el sexo oral puede ser maravilloso. Pero normalmente los genitales no funcionan bien si antes no se trata con delicadeza y amor el resto del cuerpo. El sexo pornográfico se centra en exclusiva en los genitales”.
Comparado con los hombres, las mujeres necesitan mucho más tiempo para calentarse y sentirse a gusto con el intercurso sexual. La mayoría necesitan entre 30 y 45 minutos de besos, abrazos, masaje mutuo de todo el cuerpo y sensualidad creativa y juguetona antes de entrar en harina. Y la cruda realidad es que la mayoría de los jóvenes que hoy tienen menos de 30 años no tienen ni idea de todo esto: han aprendido, erróneamente, que el sexo es otra cosa, y los preliminares, sencillamente, les aburren.
Aprendiendo a disfrutar del sexo real

Para redescubrir el sexo no hay que demonizar el porno, ni condenar las fantasías asociadas a éste: hay que reinterpretarlo como lo que es, una fantasía. “Es muy importante que, al igual que los adolescentes reciben educación sexual en la escuela, y saben, o deberían saber, qué es la pubertad, qué son las hormonas o qué es el sexo seguro, sepan que el porno está ahí y que es una fantasía, que no es real y que no es algo que deban hacer con su novia”, explicaba la exactriz porno Sasha Grey en El Confidencial. “Si no se habla de ello los chicos asumen que es lo normal”.


Abel empezó a disfrutar del sexo no pornográfico cuando descubrió que sus fantasías no eran “malas” por sí mismas, eran “malas” en la medida en que reforzaban actitudes y dinámicas perniciosas. “Necesito enfocarme menos en evitar los sujetos de mis fantasías pornográficas  y más en deshacerme de las dinámicas que conllevan –adicción, soledad, voyerismo…–. De esta forma puedo incorporar otras dimensiones de la sexualidad que hasta ahora había excluido del sexo: sensualidad, emoción y concentración"
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