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martes, 2 de agosto de 2011

¿Es un sueño, o es realidad?

  



    En el tenue silencio de la noche, traspuesta por la luz que entra de diversos colores de los fuegos artificiales al dormitorio, al girarme, admiro sus largas pestañas, más visibles ahora que duerme:. Desciendo mi mirada, observando el contorno de su cara, paseando por su nariz a paso lento, hasta llegar a sus carnosos labios, donde definitivamente me paro: me sorprenden aún más si cabe, hechizándome su presencia.

   Me acomodo, recogiendo mis piernas, apoyando mi codo en el colchón, y sobre la palma extendida de mi mano, dejo caer mi rostro anonadado de tenerla allí. Me quedo unos segundos admirándola, mientras el tiempo parece haberse detenido: seguras entre estas cuatro paredes, fuera del gentío de la noche de fiesta y verbena, mientras a mí me bastaba una sola luz para haberme quedado perpleja y sin palabras: unas veces, la luz de sus ojos; otras... el acento que desde sus labios propaga por el flujo de su aliento, como un barco que al soplar el viento, llena las velas de él: mi corazón, mi razón, mis recuerdos... ella.

   Tragué saliva. Atrevida ahora, que para mí sus armas naturales de seducción, aúnque ella no era consciente del control que tenían sobre mí, estaban ahora dormidas aunque seguían latentes en mí, sucumbí a deleitarme con su presencia.

   Dibujándose irremediablemente una sonrisa en mi cara, me acomodé una vez más, esta vez para saciar mi curiosidad, y observar sus carnosos labios más de cerca: esos que tanto deseaba; esos que tanto ansiaba besar desde hacia tiempo, y al fin los tenía frente a mí en la intimidad de esta noche, teniéndo por cómplice el tenue sonido de los fuegos artificiales.

   Observo sus mullidos labios, cada pliegue, cada milímetro, cada pequeño corte, tratando de encontrar, o averiguar como unos labios ni excesivamente gruesos ni finos, podían acercarse tanto la naturaleza a la perfección y estar yo allí para contemplarlos ante la incertidumbre, de que en cualquier momento se despertara y me viera allí frente a ella sin saber qué decir (una vez más), con que excusa defenderme, y evitar contarle la verdad: que desde hacía tiempo estaba inundando mis pensamientos día y noche: me gustas. Me muerdo el labio inferior, mientras los petardos van acompasados con el ritmo de mi corazón.

   Como un caramelo que deseo saborear, retenerlo en mi boca y deslizar mi lengua por su cobertura, deslizo lentamente mi dedo índice, y con la yema, toco con delicadeza la comisura, sorprendiéndome su suavidad. Al comprobar que sigue durmiendo, con una tensión cada vez más intensa como los latidos de mi corazón, trato de controlarlos y sucumbir a aquella oportunidad. Dudo. Me muerdo de nuevo el labio, y decido seguir muy lentamente el camino que traza su comisura admirándolos: saboreando el inusitado momento, haciéndome la boca agua. Con mis ojos bien abiertos, voy a tragar saliva, pero en ese momento, el cómplice me traiciona, y en el silencio de la noche, se escucha irremediablemente el sonido al tragar. Me detengo. Dejo apenas por encima mi dedo de su labio. Dejo suspendida la última respiración. Miro sus labios, sabiéndome cazada. Alzo la mirada lentamente. La veo despierta por sus largas pestañas superiores, que ante la amarilla iluminación, parecen los rayos del Sol. Veo como se gira esperando encontrarme a mi lado de la cama. Se inclina hacia mí... y me ve.

   Sonríe; aún medio dormida. Ven... Dice algo áspera su voz. Me acerco. Nos miramos. Nuestras caras se iluminan de rojo. Después de morado. Después de turquesa. Ahora dorada. Me acerco un poco... para otro poco después..., empezar a ladear mi rostro a medida que paulativamente mis ojos se van cerrando... hasta que de repente, siento su dedo índice presionando mis labios y casi a la vez abro mis ojos. Nos miramos. Ella no aparta su dedo de mis labios. No sé a que espera, pero lo cierto es que una vez más, tiene el control sobre mí. Empieza la traca final prendiendo toda la pólvora, mientras mi expectante corazón golpea mi pecho, a punto de salir. Desliza su yema por mis labios, entreabro de nuevo mi boca, dejo asomar mi lengua pero tan pronto como la ve aparecer, vuelve a presionar mis labios, volviendo a la misma situación: mirándonos fijamente. De nuevo me pregunto a qué espera. Toda tentativa mía al poco de iniciarla, me frena de la misma manera, sino es que también cuando voy a alejarme, busca mi mirada manteniendo mi atención sobre ella: reteniéndome en esa espera irremediablemente. Cuando finalmente decido girarme y tratar de dormir, me coge de la cintura y me vuelve a centrar para estar de nuevo frente a ella. Al fin se acerca... me retira un mechón de pelo lentamente... me acaricia el contorno de mi cara cuidadosamente.... cierro los ojos para sentirla más intensamente, me besa el cuello... y al volver a abrir los ojos, en el petardo que indica el fin del castillo, veo como esboza una sonrisa. Se hace la oscuridad; sólo escuchándose esta vez mi respiración creciente. 


   En los primeros pares de petardos que anuncian la finalización del castillo... Pom-Pom, ella me ve a mí sonriendo: nos besamos como el café: pequeño pero intenso. De nuevo la oscuridad. Segundos pares... Pom-Pom... de nuevo la luz, nos miramos fijamente a los ojos, aunque yo; por un momento, no puedo evitar desplazar mi mirada a sus labios, por el irrefrenable deseo de repetir. Y en el último par..., en la oscuridad, basta el roce de sus labios con los míos, para besarnos fervormente a la vez que nos abrazamos, nos enrrollamos de brazos y piernas, me situo encima de ella, le cogo de las muñecas, alzo sus brazos, y en ese instante... Pom-Pom. El tercer y último par de petardos, me despierta del sueño. Me giro... y allí está ella... durmiendo. ¿Por qué no hacer un sueño realidad? O al menos... intentarlo.

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